¿Tú tampoco sabes quién es la Princesa Dácil? Estatua de la Princesa Dácil en La Orotava

¿Tú tampoco sabes quién es la Princesa Dácil?

Opinión

El escritor canario Pepe Tejero me hizo llegar recientemente un ejemplar de su novela Guanches, tiempos de guerra. Me habían hablado bien de este libro. La curiosidad hizo que me sumergiera en las primeras páginas y entendí rápidamente que los canarios tenemos una deuda pendiente con nuestro patrimonio, con nuestra memoria, con el relato de la historia de esta tierra. Pero? ¿por qué y quién tiene la culpa?, si es que alguien la tiene. Vamos por partes. Tejero narra de forma novelada, pero con una base histórica real, el momento de la conquista de Tenerife por los castellanos. La historia comienza 10 meses antes de iniciarse la conquista y termina con los aborígenes embarcados rumbo a la península. Son protagonistas ambos bandos y el libro responde a cómo se financiaban las batallas, cómo se dividió la isla en dos bandos, qué rivalidades internas existían, las alianzas, etc. Dice Tejero que la conquista, en Tenerife y en el resto del Archipiélago, "se ha tratado siempre con cierto complejo", que "hemos escuchado hablar de La Victoria, de La Matanza, pero poco más", y que "en América, con la conquista, no pasó lo mismo". Está claro que hay un desconocimiento generalizado. En el caso de la gente de mi época se entiende pero, ¿por qué en los colegios actualmente no se profundiza en la historia de Canarias?, ¿acaso no gobierna esta tierra desde tiempos inmemoriales un partido nacionalista?, ¿quién ha sido cómplice?, ¿cómo es posible que convivamos con las estatuas aborígenes que salpican las Islas y no sepamos quiénes son esos personajes ni cómo interrelacionarlos?

Tejero dice que su labor ha sido novelar hechos reales, sin fantasear, que todo se ajustase "a un rigor histórico de principio a fin, para que el lector pueda visualizar cómo fue todo, sintiendo cómo luchaban, cómo comían, cómo amaban, cómo morían?". Cuesta creer que no sepamos nada, o casi nada, incluso que haya calado en la sociedad el mensaje de que no quedan canarios con sangre guanche. Error. Me comentaba el amigo Pepe que quien logre demostrar que su familia ha habitado Canarias durante tres generaciones, tiene altas probabilidades de tener antepasados aborígenes, lo que se traduce en aproximadamente el 50% de la población isleña. Aprovecho para hablarles de un amante de la genealogía, Elías Torres, que tiene entre manos un proyecto fabuloso , la Guía Genealógica de Candelaria, que ha conseguido establecer una relación directa entre personas que actualmente viven en las medianías de ese municipio y los guanches que participaron en la ceremonia del hallazgo de la Virgen de Candelaria. ¿No les parece increíble? Dice Elías que hay otra cuestión curiosa que la mayoría de los canarios ignoran, y es que González es un apellido muy guanche. La explicación es que a los primeros aborígenes se les impuso este apellido, probablemente en la zona de San Miguel de Abona, donde estaban instalados los González, y donde hoy en día es muy común.

 

Quién es quién

Si accedes a La Orotava desde la autopista te toparás con la rotonda de entrada al municipio donde se erige la estatua de la Princesa Dácil. Tejero dice que no se imagina a un francés pasando por la estatua de Napoléon y que no sepa quién es. Sin embargo, y a modo de ejemplo, ¿sabemos los canarios quiénes son nuestros personajes históricos? Con mi maldita ignorancia gracias a Pepe descubrí que Dácil era hermana del MenceyBentor, la estatua que está en el Mirador de El Lance, en Los Realejos. Y ambos eran hijos del Mencey Bencomo, quien capitaneaba las tropas guanches en defensa de Tenerife en el momento de la conquista castellana. Bencomo era hermano de Tinguaro, estatua que podemos localizar en La Matanza, y fue quien ganó la famosa batalla del mismo nombre.

 

De espaldas a la historia

Mientras leo la obra, no hago más que plantearme por qué Canarias tiene una historia tan auténtica, con tanta identidad, y sin embargo tan desconocida para la mayoría de ciudadanos de esta tierra. Me planteo cómo nuestros gobiernos regionales lo han permitido en democracia, teniendo la posibilidad de negociar los contenidos canarios que se imparten en las aulas. Por qué no empatizamos con los personajes de nuestra historia, por qué tanto complejo, por qué tenemos la sensación de que todo eso no ocurrió. Por qué durante décadas hemos escuchado hablar de canariedad, de estrellas verdes, de banderas nacionalistas, qué se ha hecho por la cultura y la historia de Canarias más allá de palabras y siglas bonitas. No quiero solo una historia guanche encerrada en un museo, no quiero momias, quiero saber y que me cuenten la verdad. Quiénes somos, quiénes fuimos. Lo que digo no tiene nada que ver con fanatismos políticos ni ideologías, lo que digo es que nuestra memoria peligra, y los que deberían cuidarla nunca lo han hecho. Ni están ni se les espera. Para sacar sus propias conclusiones: Guanches, tiempos de guerra.

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